Mientras Bolivia se desplaza hasta las entrañas de monstruo para legitimar el entreguismo de sus riquezas minerales, otros socios estratégicos —Rusia, Brasil, incluso la Unión Europea— habrían enviado gustosos delegaciones hasta La Paz para rubricar acuerdos similares.
Se supone que, si Bolivia posee recursos naturales codiciados y múltiples opciones de alianza, la firma del memorándum debía realizarse necesariamente en Bolivia.
Hace unas semanas, el presidente Rodrigo Paz Pereira, Bukele, Milei, Peña, Noboa y demás títeres participaron como simples figuretis en la creación del llamado “Escudo de las Américas”, una iniciativa presentada como una cruzada contra cárteles y redes narcoterroristas, pero que en la práctica es un dispositivo para profundizar la hegemonía estadounidense en la región.
Washington no oculta su verdadera preocupación: la creciente presencia de China en América Latina. Bajo el pretexto de cooperación en defensa, convocó a los presidentes más dóciles a una cumbre en Miami, donde se firmó un pacto que más que blindar a los pueblos contra el crimen, blinda los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
Paradójicamente, dicho “Escudo” no es un muro contra el narcotráfico, sino una herramienta de sometimiento a través de la cual Estados Unidos frenará el avance de inversiones económicamente favorables para los países latinoamericanos, como son los acuerdos con China, lo que —sin duda— constituye otra forma vil de mantener a la región en el subdesarrollo.