El haber mínimo que se cobrará en abril no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) de marzo, que ascendió a $464.228 y acumuló una variación de 9,6% en los primeros dos meses del año. Esto significa que un jubilado que cobra la mínima apenas no alcanza a cubrirla y los ubica por debajo de la línea de la pobreza, algo que había ocurrido por primera vez en febrero de 2026.
De todas formas, la CBT publicada por el INDEC no contempla ni refleja la totalidad de los gastos ni el consumo de bienes y servicios de una persona adulta mayor en Argentina.
Si se compara la jubilación mínima con la canasta que elabora la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, que refleja de manera más cercana los patrones de consumo de los adultos mayores, se comprueba una caída pronunciada del poder de compra de los haberes.
La canasta básica de jubilados elaborada por la Defensoría trepó a $1.824.682 en abril de 2026. Esto muestra que se requieren cuatro jubilaciones mínimas para cubrir esos gastos.
La actual fórmula de movilidad previsional, establecida por el Decreto 274/2024, ajusta los haberes jubilatorios únicamente en función de la inflación pasada. Así se produce un acercamiento y estabilización de la línea de la pobreza con el pago mínimo que reciben los jubilados. La forma en que se calcula la movilidad previsional impide mejoras reales en el poder adquisitivo de los jubilados.
Una de las certezas es que los jubilados pierden siempre en un escenario inflacionario y que la magnitud del deterioro depende de la aceleración del proceso de aumento de precios.
La inflación acumulada desde diciembre de 2023 hasta marzo de 2026 asciende a 293%. Sin embargo, si se hubiera medido con la nueva canasta de bienes y servicios, que contempla patrones de consumo actualizados a 2017-2018, la inflación acumulada de los últimos 27 meses sería de 434%. En ambos escenarios se comprueba que las jubilaciones en general (y las mínimas y los bonos, en particular) corren significativamente por detrás de las variaciones de precios de la economía.
Actualizado por inflación acumulada desde diciembre de 2023 a marzo de 2026, el bono extraordinario debería ser de $216.150, lo que elevaría el haber mínimo también actualizado a $631.602, un 40% superior a la jubilación liquidada en abril de 2026. Pero la situación sería totalmente diferente si se hubiese aplicado el IPC actualizado a los haberes. En ese caso, el bono calculado por el nuevo IPC (2017-2018) quedaría ubicado en $293.700 y el haber mínimo también actualizado habría sido de $858.207 en marzo de 2026 respecto a diciembre de 2023, un 90% superior a la jubilación otorgada en abril de 2026.
Los jubilados también pierden en contextos de baja inflación en una economía recesiva con un mecanismo de movilidad que atrasa los ingresos de los adultos mayores. La devaluación del 118% de diciembre de 2023 impactó de lleno en las jubilaciones, lo que se reflejó en una caída del 40% en los primeros cuatro meses de 2024.
En este contexto cobra relevancia el debate público sobre los distintos mecanismos de actualización de los haberes que, si bien buscan sostener el nivel de vida de las personas mayores, no lograron revertir el deterioro de los últimos tres lustros.
Sin una discusión política seria e integral sobre cómo complementar el actual mecanismo de actualización con un proceso de recomposición integral de los ingresos de los adultos mayores en Argentina, la calidad de vida de millones de personas se mantendrá, como hasta el momento, apenas por encima de la línea de pobreza.
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