En Argentina, ese problema se potencia por una particularidad del sistema: los centros de votación son, casi siempre, las escuelas. Y en el llamado interior profundo, pueden ser una por localidad -o ninguna en kilómetros a la redonda-. "Tenés pueblos donde hay una sola escuela, por lo tanto habrá un solo centro de votación, y aparte la población puede estar distribuida de manera bastante dispersa", explica Reynoso. Y redondea: "Entonces, obviamente, las casillas de votación les quedan más lejos".
El mapa de esa desigualdad es extenso. Jujuy, Corrientes, Córdoba rural, los partidos del interior bonaerense como Tordillo o 9 de Julio: en todos ellos, el acceso al voto depende, en buena medida, de variables que el Estado no controla o no prioriza. "Los caminos en mal estado elevan los costos de ir a votar", ejemplifica Reynoso. "No necesariamente en términos económicos, sino en tiempo, fuerza y voluntad. Y en un contexto donde el incentivo a participar ya está bajo, si a eso le sumás que el costo estructural de ir a votar es alto, lo pensás dos veces", dice.
En Morea, 9 de Julio, el camino decide quién vota
A 240 kilómetros de Buenos Aires, en el corazón del partido bonaerense de 9 de Julio, emerge Morea, un pueblo de poco más de 200 habitantes. En las elecciones de octubre de 2025 solo votó el 41% del padrón habilitado. No por apatía. Simplemente, el camino no lo permitió.
Maribel Bruno llegó hace nueve años desde la localidad bonaerense de González Catán en busca de la quietud y la tranquilidad del campo. Hoy es una de las voces más activas de la comunidad y tiene claro cuál es el problema de fondo: el mantenimiento de los caminos. "Tanto en Morea como en el resto de los pueblos del Partido 9 de Julio, los caminos no están en condiciones. No hay mantenimiento", dice. La situación se repite con cada lluvia. El viernes 19 de junio, por ejemplo, cayeron apenas 20 milímetros y los casi 18 kilómetros que unen Morea con Dudignac -camino de tierra- se volvieron intransitables. Padres que fueron a buscar a sus hijos a la escuela agrotécnica terminaron cayendo en la banquina, cruzados en el barro o con los vehículos recalentados. Una camioneta con tres chicos adentro se incendió por el esfuerzo del motor en la pelea contra el barro.
No es un episodio aislado. Una de las arterias principales del partido, conocida como "la antigua ruta 40", conecta Morea con el centro de 9 de Julio a través de 40 kilómetros de tierra. Desde la última inundación, ese tramo quedó angostado al punto de que dos vehículos no pueden cruzarse. "Si hubiera un camión de frente, el vehículo no pasa", describe Bruno. Hay una docente conocida suya, directora de una escuela, que cuando llueve hace parte del trayecto a pie. "Ha ido caminando desde la ruta casi 40 kilómetros", dice. "Hace hasta lo imposible en auto, pero a veces no se puede", se resigna.
El impacto sobre el ejercicio del voto es directo. "Ahora no están dadas las garantías", reconoce Bruno, aunque confía en que el Estado actúe antes de las próximas elecciones. "Con un poquito de voluntad, viendo que el año que viene tenemos elecciones, por ahí un tiempo antes empiezan a trabajar un poco más", se esperanza. El Servicio Meteorológico y los bomberos locales advierten que se esperan lluvias intensas para agosto y septiembre.
Descentralizar, el nudo del problema
Para Reynoso, la cuestión de fondo no es solo operativa: es política. "No creo que sea un tema de discusión hoy en la democracia argentina", admite. Las grandes reformas electorales en curso apuntan al diseño de la boleta o a los sistemas de conteo, no a la distribución de mesas en zonas rurales. "Siempre se hace una evaluación de costo-beneficio. Para que voten cinco personas más en un pueblo, ¿vale la pena hacer una reforma grande en el armado de las mesas?", comenta el politólogo, con rigor analítico: esos cinco votos pueden ser, en un municipio chico, la diferencia entre un candidato y otro.
Parte de la solución podría pasar por una mayor descentralización de la administración electoral. En países como Estados Unidos, cada condado define aspectos clave de la organización del voto. Argentina, en cambio, tiene un sistema centralizado a nivel nacional y provincial, sin margen real para que un municipio como 9 de Julio decida, por cuenta propia, instalar una mesa adicional en Morea. "No hay ese nivel de descentralización de la administración electoral a nivel municipal, de modo que no hay margen para decir ‘que lo resuelva 9 de Julio poniendo una casilla más'", dice el analista.
La descentralización, sin controles republicanos sólidos, tiene sus propios riesgos: mayor margen para la manipulación local, irregularidades en el armado de las mesas y boletas confusas. Pero su ausencia también tiene un costo menos visible y más silencioso: ciudadanos que, cuando llueve, se quedan del otro lado del barro. Así, solo votan los que pueden llegar.
