El movimiento nace de una paradoja: aunque la economía crece y el desempleo es bajo, los costos de vida siguen siendo insostenibles para amplios sectores. Los jóvenes atribuyen esta situación a la codicia corporativa, la inflación persistente y el avance de la inteligencia artificial, que amenaza empleos estables y alimenta un pesimismo que reclama alivio inmediato.
A diferencia del socialismo milenial, esta variante rechaza el gradualismo y se centra en el interés personal inmediato: reducir facturas, proteger puestos de trabajo y ofrecer respuestas rápidas.
Figuras como Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, proponen congelar rentas, supermercados públicos baratos y cuidado infantil gratuito. En Canadá, Avi Lewis impulsa tiendas públicas de comestibles; en Reino Unido, Zack Polanski promueve controles de alquiler y transporte gratis para jóvenes; y en Europa, partidos como Die Linke en Alemania o Jean-Luc Mélenchon en Francia ganan terreno con promesas similares.
Aunque sus propuestas son criticadas por inviables desde la economía ortodoxa, este «socialismo Gen Z» seduce por su mensaje claro y práctico en una época de frustración económica. Su influencia crece incluso entre quienes no se identifican como socialistas, y cada vez más políticos se alinean con una tendencia que promete resolver, antes que transformar, lo que duele en el día a día. FUENTE: AG. DE NOTICIAS InfoGEI
