A pesar de ser una empresa con capitales nacionales y dueña de marcas de consumo masivo con demanda estable (como La Salteña, líder en tapas de empanadas, tartas y pastas envasadas), Alijor arrastra un historial de conflictividad que se profundizó en el último año.
Para el gremio, la situación actual no es solo consecuencia de la situación económica que atraviesa el país, sino el «resultado acumulado de años de desinversión y decisiones de gestión» que la empresa nunca corrigió, apuntó el gremio en un comunicado de prensa.
El conflicto no es nuevo. La planta, que hace una década empleaba a más de 320 personas, achicó su plantilla a casi la mitad. En ese marco, las acciones gremiales del STIA en los últimos dos años reflejan la gravedad del conflicto:
Actualmente, tras casi 20 audiencias en el Ministerio de Trabajo sin resultados concretos, el sindicato afirma que las vías administrativas tradicionales están agotadas. «Esa realidad no se resuelve con excusas administrativas», sentenciaron desde el Consejo Directivo en el comunicado.
Si bien el sindicato no ignora el impacto del ajuste fiscal, la devaluación y la caída del consumo que afectan a toda la industria, marcan una distinción clara con Alijor. Al producir bienes esenciales, la empresa debería tener una estructura más sólida. El STIA identifica fallas graves en la comercialización, planificación financiera y distribución. «No se puede trasladar el costo de la mala administración al bolsillo del trabajador», sostiene el documento difundido por el gremio de la Alimentación.
Ante esta situación, la organización planteó una salida drástica pero que consideran necesaria para salvar las fuentes de trabajo: la continuidad productiva bajo una nueva administración. Esto implica la posibilidad de una venta de la firma por parte de los actuales dueños o el ingreso de un socio capitalista que aporte no solo fondos, sino un nuevo management que logre normalizar la operación.
El STIA ratificó en el comunicado que no aceptará «retiros encubiertos ni despidos» y exige tres puntos innegociables para normalizar la situación en Garín: El conflicto en Alijor se suma a otros frentes abiertos que el STIA viene gestionando en gigantes del sector como Mondelez, Georgalos y Lamb Weston, en el marco de la crisis que atraviesa la industria alimenticia.
