Cada partido de la Selección Argentina durante el Mundial puede generar más de 650 toneladas de residuos plásticos en el país y el enfrentamiento ante Cabo Verde no será la excepción. Las estimaciones son realizadas por la asociación civil especializada en plásticos y medio ambiente Ecoplas. El cálculo se basa en los hábitos de consumo que se repiten en las reuniones hogareñas para ver los encuentros, donde se concentran alimentos y bebidas en envases descartables.


“Los datos surgen de combinar dos variables: por un lado, la cantidad de hogares argentinos que habitualmente siguen los partidos de la Selección y, por otro, los residuos plásticos asociados a los consumos más frecuentes durante esos encuentros”, explicó a El Auditor.info Verónica Ramos, directora Ejecutiva de Ecoplas. “Para ello -agregó- se consideraron productos como bebidas, snacks, helados y comidas que suelen formar parte de las reuniones para ver fútbol”.


Según explicó Ramos, para estimar la audiencia se utilizaron mediciones de rating de los distintos partidos. “Por ejemplo, la final del Mundial de Qatar 2022 registró más de 65 puntos”, señaló. Además, indicó que cada punto de rating representa aproximadamente 30.000 hogares en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), por lo que esa audiencia equivale a cerca de 2 millones de hogares. A partir de esos datos, agregó que al incorporar al resto del país “se puede estimar que más de tres millones de hogares siguen los encuentros de la Selección”.


De acuerdo con la entidad, en un hogar promedio de cinco personas se producen alrededor de 219 gramos de residuos plásticos por partido. Si ese comportamiento se proyecta sobre unas 100.000 viviendas, el volumen alcanza los 21.900 kilos. Extrapolado al total de hogares que siguen al conjunto nacional, la cifra supera las 650 toneladas en una sola jornada.


Los 219 gramos estimados por hogar incluyen los principales envases que suelen acumularse en reuniones familiares o entre amigos para ver los partidos.


Desde Ecoplas destacaron que existe un potencial de recuperación que muchas veces queda invisibilizado en el debate público. “Lo importante es entender que detrás de esos 219 gramos no hay únicamente residuos, sino materiales con valor que pueden reincorporarse a nuevos ciclos productivos”, sostuvo la directora Ejecutiva de la organización.


Aunque la cifra parte de una estimación basada en consumos promedio, algunos especialistas advierten que un evento de escala mundialista puede representar una presión adicional para un sistema de recuperación de residuos que ya presenta limitaciones estructurales.


Ese volumen de residuos plásticos es completamente inmanejable para el sistema actual. Solo en la fase de grupos, Argentina generó un mínimo de 1.950 toneladas de plástico en los hogares”, sostuvo Rosario Medrano, licenciada en Ciencias Biológicas y exresponsable del área de Laboratorio de Unplastify.


Si la Selección llega a la final, esa cifra trepará a 5.200 toneladas en menos de 40 días. Son cerca de 31 Obeliscos de plástico generados en los hogares en apenas cinco semanas”, ejemplificó.


Para la especialista, la capacidad de recuperación resulta insuficiente incluso en los distritos más avanzados. “Ni la Ciudad, con el sistema de reciclaje más organizado del país, ni la provincia de Buenos Aires, con sus 12 cooperativas formalizadas y más de 4.500 trabajadores, logran cubrir el 100% de lo que se genera”, planteó. Y agregó que “en todo el territorio argentino solo se recupera un 17% de residuos plásticos. Esto deja en evidencia algo clave: ni el sistema más formalizado ni el más precario pueden absorber semanas de consumo extraordinario” como las que genera un Mundial.


Para Medrano, el desafío excede la recolección y el reciclaje posterior. “El problema de fondo es sistémico, seguimos produciendo y consumiendo plástico descartable a un ritmo que ninguna infraestructura de recuperación, por más recicladores que sume, puede sostener”, aseguró.


Desde Ecoplas señalaron que estos materiales son reciclables y pueden recuperarse si se realiza la separación de residuos en origen. En ese sentido, remarcaron que el plástico tiene un rol en la conservación de alimentos y bebidas y en la reducción del desperdicio, aunque su recuperación depende del tratamiento posterior al consumo.


Para que esa recuperación sea posible, los materiales deben ingresar correctamente a los circuitos de reciclaje. “Es importante destacar que una correcta separación en origen incrementa significativamente las posibilidades de recuperación de los materiales. En 2024, el 16,6% del plástico producido fue reciclado”, señaló Ramos.


Las diferencias entre los distintos tipos de envases también condicionan las posibilidades de reciclaje. En ese sentido, Medrano resaltó que “los plásticos son, sin dudas, los que presentan el desafío mayor: las posibilidades de que un producto plástico sea reciclado en Argentina son ínfimas. Las botellas de PET son la excepción dentro de esa categoría”.


La especialista vinculó esta problemática con la ausencia de regulaciones específicas sobre el diseño de los envases. “En Argentina todavía no hay una Ley de Envases. El debate lleva más de 20 años en el Congreso. Mientras tanto, no existe ningún incentivo legal para que las empresas de snacks rediseñen sus envoltorios hacia materiales reciclables”, expuso.


De acuerdo con datos relevados por Ecoplas junto con Opinaia, los hábitos de separación todavía son irregulares. Ramos explicó que “entre los principales obstáculos se encuentran la necesidad de ampliar la infraestructura y de fortalecer las políticas públicas. En 2025, el 40% de las personas afirmó separar sus residuos de manera habitual, mientras que un 42% señaló que solo lo hace ocasionalmente”.


Las fallas más frecuentes ocurren justamente en la etapa de separación. Según Medrano, “el error más repetido es mezclar todo en una misma bolsa: restos de comida, líquido de las botellas y envoltorios. La contaminación es uno de los mayores obstáculos para reciclar en eventos masivos, y la estrategia más efectiva resultó ser simplemente separar lo que se bebe de lo que se come”.


La especialista destacó además que una mejor separación en origen tendría efectos concretos sobre el trabajo y los ingresos de los recuperadores urbanos. “El salario de un recuperador urbano en Buenos Aires se compone de una parte fija y una variable, que representa el 46% del ingreso total y depende directamente de la cantidad de material que recolecta”, afirmó.


Por eso, una acción sencilla puede contribuir a una mejora en la cadena de recuperación: “Si más hogares separaran bien los residuos después de cada partido, ese volumen extra de botellas y envases se traduciría directamente en más ingresos para ellos, no solo en menos horas de trabajo”.