Desde temprano, la previa anticipó el clima que se viviría horas más tarde. El banquete comenzó en los alrededores del predio mucho antes del recital con una escena clásica, pero que nunca se siente igual: banderas flameando, parrillas improvisadas, remeras que acompañan años de ruta, familias, grupos de amigos, fanáticos de todas partes del país y nuevas generaciones que se suman al legado.
Pasadas las 19, La Mississippi subió al escenario y sostuvo la primera parte de la jornada hasta las 20:30. Con trayectoria y una conexión inmediata, la banda repasó clásicos como “Un Trago Para Ver Mejor” y “Un Poco Más”. Además sumó una versión celebrada de “Post-crucifixión”, de Pescado Rabioso, que encontró eco inmediato en un público que ya empezaba a copar el predio.
El setlist, que incluyó “El Ojo del Huracán”, “El Rito De Los corazones sangrando”, “El Twist Del Pibe” y “Ciudad Futura”, mantuvo una intensidad constante. Cada canción se cantó como un himno, en una comunión total entre banda y público.
En ese ida y vuelta, la figura de Chizzo se mostró especialmente movilizada, ya que no era una noche más; era el regreso a una ciudad que durante años le puso trabas a la banda, entre censuras y restricciones que marcaron su vínculo con la Capital Federal.
Ese trasfondo atravesó todo el show y se sintió en cada palabra, gesto y silencio. La Renga no solo tocó en Buenos Aires, sino que volvió a ocupar un lugar que le había sido negado y lo hizo con la contundencia de una convocatoria que no necesita validaciones. Los músicos no dejaron de agradecer el aguante y el agite de sus seguidores en cada canción.
Uno de los momentos más celebrados llegó con “Embrolos, Fatos y Paquetes”, clásico inoxidable de “Esquivando Charcos”, que volvió a sonar después de mucho tiempo con la potencia intacta y desató una respuesta inmediata. La memoria renga se activó en masa y reafirmó un vínculo que perdura a pesar de los años.
La noche también tuvo invitados que elevaron los festejos. En “Mujer Del Caleidoscopio”, la participación de Manu Barrios, integrante de la Fernández Fierro, aportó una textura distinta.
Más adelante, el ingreso de Tano Marciello en “El Final Es Donde partí” desató uno de los picos más altos del banquete, entre guitarras en tensión, pogo encendido y una energía que se volvió incontenible para La Renga.
Más allá del escenario, la organización acompañó la magnitud del evento. El predio contó con puntos de hidratación, micros escolares gratuitos para facilitar el acceso y un sector destinado a las infancias con espacios recreativos. Una postal que confirmó que el banquete rengo no pertenece a una sola generación, sino que se transmite y se expande.
En el tramo final, con “El Revelde”, “Panic Show”, “Oscuro Diamante” y “Hablando de La Libertad”, la banda sostuvo un cierre que combinó introspección y explosión, y terminó de sellar una noche que funcionó como descarga y celebración. En tiempos donde lo efímero parece imponerse, el banquete volvió a ocupar su lugar y en Parque de la Ciudad quedó claro que sigue más vivo que nunca.
