Este nuevo pulso al Gobierno provocó la rápida reacción de su primer ministro, Sébastien Lecornu, quien se apresuró en anunciar que recibirá el próximo el lunes en Matignon (sede del Gobierno) a los sindicatos y las organizaciones empresariales en una «conferencia social» destinada a buscar respuestas a las preocupaciones sobre el poder adquisitivo y los salarios.
La jornada de movilización de este jueves ha afectado especialmente a las universidades y a las escuelas de primaria, donde numerosos maestros han secundado la huelga, según datos de los sindicatos.
Paradójicamente los institutos, donde nació hace casi dos meses la actual oleada de protestas, tuvieron un seguimiento menor que otros establecimientos educativos.
Los datos de Educación apuntaron los centros afectados en un millar de los 3.700 existentes.

La huelga también ha obligado a cerrar al público la Torre Eiffel y algunas salas del Museo del Louvre y a acortar el horario de visita del Museo de Orsay.

La información sobre el cierre de la Torre Eiffel, gran símbolo de París, así como las alteraciones en el funcionamiento de dos de los museos más icónicos de la capital fue difundido hoy en sus respectivas páginas en internet.
La empresa gestora de la Torre Eiffel anunció que el monumento iba a permanecer cerrado durante toda la jornada debido al movimiento de protesta.
Los visitantes que hayan adquirido entradas electrónicas han sido invitados a consultar sus correos electrónicos para recibir información sobre sus reservas.
Por su parte, el Museo del Louvre informó de que algunas de sus salas iban a permanecer cerradas excepcionalmente debido a la huelga, mientras que el Museo de Orsay cerró sus puertas a las 18.00 (17: GMT).
La marcha de París, la más numerosa entre las más de 200 convocadas este jueves en toda Francia coincidiendo con la huelga general, comenzó a desfilar este jueves desde la Place de la République hacia la de Nation con la asistencia de decenas de miles de manifestantes en favor del poder adquisitivo y en defensa de los servicios públicos.
A la protesta en la emblemática plaza de République, asistieron las dos líderes sindicales de las principales organizaciones de trabajadores de Francia, la CFDT, Marylise Léon; y la CGT, Sophie Binet, en medio de un robusto dispositivo de seguridad desplegado por las fuerzas del orden francesas.
La líder sindical de la CFDT denunció que «nunca había habido tantas dificultades para organizar una manifestación», en alusión a la prohibición que el Ministerio del Interior puso al recorrido inicial deseado por los organizadores, de la plaza de Bastilla a la de la Concordia, que pasaba por zonas próximas a sedes de poder en Francia, como El Elíseo o la Asamblea Nacional francesa.
«Es un signo de libertad muy malo», abundó la secretaria general de CFDT, el sindicato mayoritario en Francia en número de afiliados.
En una jornada de movilización que sucede a menos de seis meses de las presidenciales de 2027, la participación de uno de sus candidatos, el socialdemócrata Raphaël Glucksmann (apoyado por el Partido Socialista), generó un revuelo, hasta tal punto que tuvo que abandonar la protesta tras ser increpado y bloqueado supuestamente por militantes de la Francia Insumisa (LFI), el partido izquierdista del aspirante al Elíseo Jean-Luc Mélenchon.
Glucksmann, al que los sondeos más recientes lo sitúan lejos de lograr clasificarse para la segunda vuelta, en la que son favoritos la ultraderechista Marine Le Pen y Mélenchon, tiene como uno de los ejes de su programa excluir al LFI de cualquier tipo de pacto.
Al poco de ganar las primarias socialistas el pasado 11 de octubre, el eurodiputado fue rociado en la cara con harina por un individuo al que el propio Glucksmann acusó de pertenecer al LFI, en un nuevo episodio reflejo de la tensión entre el propio campo progresista.