Y, sin embargo, el contexto cambió. En los últimos diez años, la inflación internacional promedió en torno al 3% anual. Incluso con el shock inflacionario global post pandemia, que llevó a picos más altos en 2021-2022, el mundo sigue operando con niveles de inflación bajos en términos históricos, hoy nuevamente cercanos a entre el 3 y 4% anual.
Sin dudas el dólar ya no es esa moneda perfectamente estable que fue durante décadas y pierde también poder adquisitivo.
Sin embargo, al mismo tiempo que esto sucede, en Argentina se mantiene un comportamiento curioso para las finanzas. Lo lógico sería que el comportamiento del ahorrista se manifieste comprando instrumentos en pesos, desde dejar el dinero en billeteras remuneradas, fondos comunes o simplemente a plazo fijo.
El argentino sigue comprando dólares, el cual está alrededor de los $1450, desde hace muchos meses. Con los dólares billetes en el colchón, el ahorrista, pierde por la inflación en pesos de Argentina y pierde contra la inflación en dólares a nivel internacional.
Parecería que, al argentino, nada de eso parece importar demasiado. Porque el ahorrista criollo no compra dólares por rendimiento. Compra dólares por cobertura, por tranquilidad. Es una cuestión de salud... mental. Lo que está en juego no es una decisión financiera tradicional, sino algo más profundo: una elección bajo incertidumbre estructural. El ahorrista argentino paga un “costo de seguro” para evitar el peor escenario posible, particularmente en el gobierno de la timba donde todo puede cambiar de un momento a otro.