Para el hacedor de políticas públicas, la demora en captar el cambio de dirección de la economía —confundiendo un rebote sectorial o el arrastre del pasado con una expansión genuina— puede llevarlo a tomar medidas incorrectas o a reaccionar tarde ante una crisis. En un entorno donde el consumo privado ya muestra grietas severas, diagnosticar crecimiento donde hay contracción es el camino más rápido para transformar un bache de corto plazo en una recesión profunda y conduce a un sesgo directo de mala práxis e interpretación de lo que ocurre.
El dato oficial de una caída del 0,6% para el segundo trimestre implica, sin eufemismos, que durante ese lapso temporal la economía se achicó. Se produjeron menos bienes y se prestaron menos servicios que en el trimestre inmediatamente anterior. Este solo dato empírico basta para desarticular la narrativa de los 28 meses de crecimiento o expansión consecutivos. Los números son concluyentes: en el segundo trimestre del año, la creación de riqueza a nivel agregado retrocedió.