El gobierno de Rodrigo Paz enfrenta un iceberg lleno de bordes filosos que podrían convertir sus primeros meses de gestión en una especie de Titanic. La razón: entre las bases sindicales y el Movimiento Al Socialismo perciben que sus reivindicaciones han sido anuladas después de 20 años de presencia en la toma de decisiones de gobiernos multisectoriales.
Podría decirse que este nuevo capítulo boliviano se encendió con una nueva normativa agraria que causó una marcha indígena de tierras bajas hacia La Paz. El 8 de abril, durante un acto con empresarios agroindustriales en la ciudad de Santa Cruz, Paz anunció la promulgación de la ley 1720 de conversión de tierras. Esta normativa pretendía convertir de forma voluntaria la pequeña propiedad, en mediana propiedad para acceder a créditos bancarios.
Desde hace años, la figura de la pequeña propiedad agraria está dirigida al sustento familiar y se entiende que la misma puede llegar a tener hasta 50 hectáreas. Esto la convierte en indivisible, inembargable e irreversible y no paga impuestos. El trasfondo de la ley 1720, y el carácter “voluntario” de esta conversión, pone en riesgo la pérdida de esas pequeñas extensiones si su propietario no logra cubrir la deuda hipotecaria. Según el comunicado emitido por la Fundación Tierra, esta norma es “inconstitucional y regresiva en el tema agrario porque promueve una reconcentración de la tierra en manos de los grandes propietarios, con amenaza indirecta a la propiedad colectiva indígena”.
Ese acto del Gobierno despertó la protesta de los indígenas de las regiones de Pando y Beni, que comenzaron una marcha hacia La Paz que recuerda la del Tipnis de 2011, que comenzó el camino de Evo Morales al descrédito. Como en aquella oportunidad, a título de “desarrollo” y “progreso” se intenta pasar por encima de la concepción de tierra y territorio, con una ley que no fue consultada con este sector.
En declaraciones para Mongabay, Fátima Monasterio, abogada e investigadora de la Fundación Solón, se refirió a esta ley como “inconstitucional, porque altera el régimen agrario establecido en la Constitución Política del Estado en dos puntos: desprotege la pequeña propiedad y debilita el control sobre el uso de la tierra, además hace desaparecer la protección de la pequeña propiedad en beneficio de los grandes agroindustriales”. El principal impulsor para esta norma es el senador Branko Marincovik, empresario de la soya de Santa Cruz.
La caminata, compuesta por más de 300 indígenas, duró casi un mes y llegó a La Paz el 4 de mayo. Como explicó a CONNECTAS una de las integrantes que pidió no ser identificada, “los empresarios saben que si perdemos nuestras tierras, ellos las comprarán y la frontera agrícola se extenderá y esto ocasionará deforestación y quema indiscriminada para la producción de soya y otros cereales. No vamos a permitir eso”.
En la Asamblea Legislativa Plurinacional, incluso el senador Luis Humberto Suárez Egüez apoyó de forma directa la movilización, a pesar de formar parte de la bancada del oficialista Partido Demócrata Cristiano (PDC). “Los hermanos campesinos indígenas saben leer, saben discernir y se dieron cuenta que (…) los empresarios les quieren quitar sus tierras tituladas”, Además, denunció amenazas en su contra.

