Hay decisiones que no se anuncian, pero dejan una huella. San Lorenzo estuvo más cerca de convertirse en una SAD de lo que muchos imaginaban. Un documento firmado por Marcelo Moretti y representantes de Foster Gillett revela un proyecto millonario que incluía estadio nuevo, control del fútbol y el total de transferencias de jugadores, entre otros.
Lo que había comenzado como un rumor en Boedo, finalmente se confimó dos años después. El escrito, firmado ante escribano, con fecha del 7 de noviembre de 2024 en Buenos Aires, buscaba un objetivo claro: avanzar en un modelo de gestión que, sin decirlo abiertamente, acercaba a San Lorenzo a una lógica de sociedad anónima deportiva.
Guillermo Toffoni, apoderado de Foster Gillett en Argentina, confirmó al medio El Destape que el acuerdo existió y que el mismo se trataba de "un memorándum de entendimiento", pero remarcó que no se llevó adelante debido a que no se trató en Comité Ejecutivo ni Asamblea de socios. El silencio, por aquellos meses de la administración Moretti con respecto al tema, se debía a que el documento tenía una vigencia limitada y una cláusula de confidencialidad estricta, además de los inconvenientes que podía causarle puertas adentro con los socios e hinchas.


La propuesta económica no era menor. Hablaba de 612 millones de dólares, divididos en dos etapas. Pero más allá de la cifra, lo importante era el destino. La primera fase apuntaba a resolver lo urgente y construir lo simbólico:
Ese estadio no era solo cemento. Era identidad. Era el regreso a Boedo convertido en proyecto empresarial. No era solo salvar al club. Era rediseñarlo.
Ahí aparece el punto más sensible. El documento aclaraba que no se trataba de una venta de San Lorenzo, pero sí de la creación de una estructura compartida.
En esa estructura:
Prácticamente todo lo que define al fútbol:
En otras palabras, el fútbol profesional pasaba a ser gestionado bajo una lógica privada. Sin decirlo explícitamente, el modelo se acercaba a una SAD.
El proyecto también redefinía el uso de los espacios. Una vez construido el nuevo estadio en Boedo, el actual Nuevo Gasómetro tendría otro destino. El cambio no era solo geográfico. Era conceptual. El corazón deportivo se trasladaba, y con él, el centro de poder.
Pasaría a ser utilizado por:
Lo que no pasó: la voz de los socios
Hay un dato que pesa tanto como los millones: los socios nunca participaron. Como era habitual en la gestión Moretti, los acuerdos millonarios y de transformación de base se realizaban a espaldas de los socios, quizá percatado que recibiría un rotundo revés para el acuerdo.
El acuerdo contemplaba una instancia clave:
Pero nada de eso ocurrió. El documento existió, fue validado y se avanzó en su diseño. Pero nunca llegó a la instancia donde el club, como asociación civil, toma decisiones colectivas. Ahí aparece la tensión, porque San Lorenzo no es solo un equipo, sino una construcción social, histórica, política. Y cualquier intento de transformarlo en SAD choca con esa identidad.
El acuerdo no se ejecutó. No avanzó a instancias formales. Pero existió. Y eso alcanza para entender el momento. San Lorenzo quedó, al menos por un instante, al borde de un cambio estructural que podía modificar su esencia y arrastrarlo hacia un lugar más peligroso que hasta hace meses atrás.
No fue solo una negociación. Fue un síntoma de un fútbol que cambia. De modelos que presionan. Y de clubes que, entre la urgencia y la historia, deben decidir qué quieren ser.