Con apenas dos semanas de diferencia, ambos encuentros reunieron a países que, pese a mantener importantes diferencias e incluso rivalidades entre sí, avanzan en mecanismos de cooperación económica, financiera, tecnológica y de seguridad. Más que la conformación de un bloque homogéneo, las reuniones mostraron la construcción gradual de una arquitectura institucional alternativa a los tradicionales centros de poder occidentales.
La cumbre de Bishkek marcó los 25 años de la OCS y reunió a sus diez miembros plenos: China, India, Pakistán, Rusia, Bielorrusia, Irán, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán. En conjunto, los países representan más del 40% de la población mundial.
Uno de los aspectos políticos más relevantes fue el respaldo expresado a Irán frente a los ataques sufridos por ese país. La declaración final condenó las agresiones y reflejó el respaldo de los integrantes de la organización a Teherán. En cambio, el conflicto en Ucrania no fue mencionado en el documento.
La participación de India adquirió particular relevancia debido a sus vínculos estratégicos con Estados Unidos e Israel. Su presencia en la OCS, al mismo tiempo que mantiene relaciones de competencia con China y Pakistán, constituye un ejemplo de la denominada autonomía estratégica que caracteriza a buena parte de las potencias emergentes.
La organización también avanzó en una agenda de cooperación que abarca infraestructura, conectividad, seguridad y mecanismos financieros. Aunque algunas de las iniciativas monetarias todavía se encuentran en una etapa inicial, reflejan el interés por reducir progresivamente la dependencia de las estructuras financieras dominadas por Occidente.
Los BRICS+ amplían su peso global
Pocos días después, Nueva Delhi fue escenario de la XVIII Cumbre de los BRICS+, integrada por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, además de países socios.
La dimensión del bloque explica buena parte de su creciente relevancia internacional. Los BRICS+ concentran aproximadamente la mitad de la población mundial y alrededor del 40% del PBI global medido en paridad de poder adquisitivo, además de una participación significativa en las reservas energéticas mundiales.
La declaración final
Aprobado por consenso, el documento final del bloque, reclamó una estructura internacional más representativa y una mayor participación de África, Asia y América Latina en los organismos de gobernanza global. También impulsó el uso de monedas nacionales en el comercio, la interoperabilidad de sistemas de pagos y el fortalecimiento de instituciones financieras alternativas al sistema dominado por las potencias occidentales.
Durante la cumbre, Xi Jinping propuso profundizar la integración industrial y tecnológica del bloque y avanzar en cooperación en inteligencia artificial. Vladimir Putin, por su parte, planteó fortalecer mecanismos financieros propios que reduzcan la dependencia de las estructuras occidentales.
Diferencias y puntos de coincidencia
Aunque existen coincidencias importantes entre ambas organizaciones, también quedaron expuestas diferencias derivadas de su composición. La OCS mostró un lenguaje más directo respecto de Irán, mientras que los BRICS+ adoptaron una posición más amplia y buscaron preservar el consenso entre países con vínculos muy diferentes con Washington.
El bloque de los BRICS+ reúne, por ejemplo, a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que mantienen relaciones estratégicas con Estados Unidos, junto con China, Rusia e Irán. Esa heterogeneidad condiciona la posibilidad de adoptar posiciones geopolíticas comunes.
Sin embargo, ambas organizaciones coinciden en algunos objetivos estratégicos: ampliar el comercio en monedas nacionales, desarrollar sistemas de pagos alternativos, fortalecer instituciones financieras propias y avanzar en una mayor autonomía tecnológica.
Una arquitectura todavía en construcción
La OCS y los BRICS+ no constituyen alianzas cerradas ni bloques homogéneos. En su interior conviven conflictos históricos y fuertes diferencias económicas y geopolíticas, como las disputas entre India, China y Pakistán o las divergencias entre Irán y algunos de los países árabes incorporados a los BRICS.
Precisamente por eso, el principal significado de las cumbres de Bishkek y Nueva Delhi no reside en la creación de un bloque antioccidental unificado, sino en la consolidación de espacios institucionales capaces de articular a potencias emergentes y países del Sur Global.
La sucesión de ambas reuniones muestra así un cambio de escala: Eurasia dejó de ser únicamente un espacio geográfico estratégico para convertirse también en uno de los principales ámbitos donde se están definiendo nuevas formas de cooperación económica, política y tecnológica en un sistema internacional cada vez más multipolar.
