El diagnóstico es inquietante: la economía argentina genera más puestos de trabajo, pero de menor calidad. El nuevo informe del CETyD traza un mapa en el que la destrucción de empleo formal privado, lejos de ser un fenómeno concentrado en el AMBA, se ha extendido a lo largo y ancho del territorio nacional con escasas excepciones vinculadas a nichos productivos específicos.
Pero lo más revelador no es la caída en sí, sino lo que vino después: entre principios de 2025 y 2026, mientras las planillas de trabajo registrado se achicaban, las ocupaciones que efectivamente crecieron fueron las informales, tanto en relación de dependencia como entre los trabajadores por cuenta propia.
Este fenómeno no es casual. Detrás de los números se esconde una presión cotidiana: los hogares, golpeados por ingresos reales en niveles muy bajos, empujan a más de sus miembros al mercado laboral para recomponer el presupuesto familiar. Esa marea de buscadores de trabajo encontró en el sector informal un espacio de absorción que, al menos, contuvo el desempleo.
De hecho, la tasa de desocupación se mantuvo estable en el último año, pero a costa de que una porción creciente de la población activa se refugie en ocupaciones de bajos ingresos y escasa protección social. La informalidad, así, alcanzó el 44,2% en el primer trimestre de 2026, una cifra que enciende las alarmas sobre la dirección que está tomando la reconversión productiva.
El informe traza además una geografía de la precarización. Entre fines de 2023 y 2025, dos de cada tres provincias argentinas vieron crecer el número de desocupados o de personas insertas en lo que el estudio denomina «empleos refugio», las inserciones más vulnerables y peor remuneradas.
La correlación es implacable: las provincias donde más se contrajo el empleo formal privado son justamente aquellas donde más aumentaron el desempleo y el trabajo precario. En otras palabras, la caída de la calidad laboral no se distribuye de manera homogénea, sino que golpea con más fuerza donde el tejido productivo formal ya era más débil.
Pregunta incómoda
El trabajo del CETyD plantea, en el fondo, una pregunta incómoda: ¿está la economía argentina reemplazando empleos perdidos por oportunidades de igual o mejor calidad, o se está conformando con una expansión de puestos precarios que alivian la estadística del desempleo, pero profundizan la vulnerabilidad de los trabajadores?
La informalidad, la nueva normalidad
La evidencia acumulada inclina la balanza hacia la segunda opción. Y advierte que, si el sector formal no recupera su capacidad de absorción, el riesgo es que la informalidad deje de ser un refugio temporal para convertirse en la nueva normalidad de un mercado de trabajo que crece, sí, pero en la dirección equivocada.
