El saldo de la jornada: brazos heridos, manifestantes retenidos y una ambulancia trasladando de urgencia al Hospital Ramos Mejía a un hombre con un pico de presión, víctima directa de la hostilidad oficial.
Entre los agredidos se encontraban Carlos Alberto “Chaca” Dawlowski y Delia Luján Montiel. «Chaca», de 76 años, fue liberado con la piel marcada por la fuerza policial, pero con la palabra intacta ante las cámaras: «Ya no podemos ni marchar por la vereda, pero no vamos a bajar los brazos; vamos a dejar la vida, pero no nos van a llevar por delante».
Sus heridas, exhibidas como prueba de una democracia que se vuelve sorda y violenta, resumen el espíritu de una resistencia que, a pesar del bastón y el gas pimienta, jura no aflojar.