No son recortes menores, se sienten en cada programa, y en algunos casos roza el desfinanciamiento total. Las propias metas sanitarias que el Ministerio fija para 2026 muestran retrocesos significativos, con impacto directo en los indicadores de salud pública.
Uno de los ajustes más notorios aparece en prevención y control de enfermedades, especialmente en las campañas de vacunación. Sin contar la vacuna contra el Covid —cuya baja se explica por la menor circulación del virus—, las caídas son contundentes.
-Triple viral y hepatitis en menores de un año: casi 32% menos de niños vacunados.
-Antigripal en embarazadas: caída del 29%.
-Antigripal en niños de 6 meses a 2 años: 27% menos.
-Vacunación contra la polio en chicos de 5 años: baja del 27%.
En números totales, el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) distribuirá 8.292.500 dosis menos que en 2023, lo que representa un 22% de reducción. Se trata de un programa clave que garantiza vacunas gratuitas contra enfermedades como sarampión, polio, tétanos y hepatitis.
El ajuste también pega de lleno en el Programa de Prevención y Control de Enfermedades Endémicas. En el caso de la rabia, la vacunación de perros pasa de 4 millones en 2023 a 2,2 millones en 2026, una caída del 45%.
Aún más grave es lo que ocurre con el Chagas. Una de las acciones centrales para frenar la transmisión es el rociado de viviendas. Mientras que en 2023 se proyectaba fumigar 40.000 casas, para 2026 el número cae a apenas 10.000, es decir, un recorte del 75%.
Esta baja va de la mano con la discontinuidad de programas específicos de control y prevención del Chagas que estuvieron vigentes en 2023 y que, aun representando solo el 5% del presupuesto total, resultaban estratégicos.
Según Fundación Eforo, los datos oficiales confirman un cambio profundo en la política sanitaria. La prevención primaria, el control de enfermedades transmisibles y el abordaje de patologías endémicas muestran retrocesos que superan el 50%, tanto en recursos como en metas físicas, frente a 2023.
El desmantelamiento progresivo de las estructuras dedicadas a la prevención no solo puede provocar rebrotes de enfermedades —incluso algunas consideradas erradicadas—, sino también un quiebre en el vínculo social con la vacunación y la salud pública.
Si bien el Gobierno destaca el sostenimiento de algunos programas puntuales, como el Plan 1.000 Días, el análisis general del presupuesto deja en evidencia una fuerte contracción de la inversión sanitaria. Ajustado por inflación, el presupuesto 2026 es 30% menor al de 2023, lo que limita seriamente la capacidad operativa del sistema.
El Presupuesto 2026, recientemente aprobado, pone el foco casi exclusivamente en sostener el equilibrio fiscal y lo hace a costa de recortar la salud pública, uno de los sectores más golpeados por el ajuste.
En definitiva, lo que hoy se presenta como un ahorro fiscal puede transformarse mañana en un costo mucho mayor. La experiencia sanitaria asegura que tratar enfermedades avanzadas siempre es más caro —en dinero y en vidas— que prevenirlas a tiempo.


