En Capitán Sarmiento, la crisis de Granja Tres Arroyos dejó de ser hace tiempo solamente un problema laboral. El impacto empezó a sentirse en los comercios, en las familias y en distintos sectores de una ciudad de unos 15.000 habitantes donde buena parte de la actividad económica está vinculada, de una u otra manera, con la empresa avícola.
Según reporta el medio regional, La Noticia 1, se estima que alrededor de 1.500 familias fueron afectadas de manera directa e indirecta por la paralización de la planta, y es en ese escenario donde aparece la historia de Claudia Aranda, una comerciante de 46 años que decidió mirar el espacio que tenía disponible y pensar de qué manera podía utilizarlo para ayudar.
Claudia es madre de dos hijos, abuela de un nieto que está por cumplir seis años, y tiene dos trabajos: es dueña de un local de ropa para chicos y está al frente de Borboleta, el salón de fiestas que abrió hace aproximadamente un año y medio. Cuando empezó a dimensionar lo que estaba ocurriendo con Granja Tres Arroyos, pensó justamente en eso que tenía a mano: un lugar amplio, equipado para recibir gente, que podía transformarse en algo distinto. Junto a familiares, amigos y vecinos, prepara más de 300 viandas por día, con pan casero y pan caliente, y cuando llegan donaciones también suman frutas, cereales, leche u otros alimentos.
No es una tarea sencilla ni cuenta con una infraestructura pensada para semejante volumen. Claudia consiguió prestado un disco con el que puede cocinar para unas 300 personas y se las arregla con una garrafa que tiene que trasladar. Empieza alrededor de las 17 y muchas veces termina cerca de la 1 de la madrugada, y al día siguiente tanto ella como quienes la ayudan tienen que volver a sus trabajos. Mientras tanto, Borboleta sigue funcionando como salón de fiestas porque hay eventos ya previstos y compromisos que deben cumplirse.
Nunca se vio algo así
«Creo que medio pueblo se mueve a través de Granja Tres Arroyos. Todos esperamos las quincenas de Granja Tres Arroyos como comerciantes. Se notó un montón», contó Claudia, quien explicó que el efecto no termina en el trabajador que dejó de cobrar: detrás de cada puesto de trabajo hay una familia y, a partir de allí, otros empleos, comercios y actividades que también dependen de que ese ingreso siga circulando. «Yo nunca vi algo así en Capitán Sarmiento. A mí me tocó vivirla en el 2001, pero nunca lo viví así, de estar con la gente, de que gente que trabajó toda su vida y hoy está pidiendo una vianda. Es muy fuerte», relató.
Solidaridad comunitaria
La decisión de abrir Borboleta para cocinar no fue la única manera que encontró Claudia para acompañar a las familias afectadas: también decidió ofrecer el salón de fiestas de manera gratuita a quienes tuvieron que cancelar los cumpleaños de sus hijos porque perdieron el trabajo y ya no podían afrontar ese gasto. En Capitán Sarmiento, muchos comerciantes están colaborando con mercadería y alimentos, y también se sumaron gimnasios, amigos, instituciones y vecinos. El Club de Leones aportó carne y hubo personas que eligieron hacer donaciones de manera anónima. Las viandas no están destinadas exclusivamente a trabajadores de Granja Tres Arroyos: el que necesita puede acercarse y recibir un plato de comida, y cuando hay personas mayores o familias que no pueden llegar hasta el salón, Claudia y quienes la acompañan buscan la manera de llevarles la comida.
