El pasado 26 de enero ,Reidel había quedado en una situación política de extrema fragilidad y al borde de la eyección. 


El escándalo, que escaló rápidamente, se basa en graves denuncias por corrupción y sobreprecios que forzaron la intervención directa del directorio de la compañía para afrontar las acusaciones por irregularidades.


La investigación judicial en curso pone la lupa sobre una serie de licitaciones presuntamente direccionadas para el mantenimiento y limpieza de la central nuclear Atucha II, donde se habrían detectado sobreprecios del 140%.


Según la denuncia, el proceso incluyó cambios en los requisitos de admisibilidad, plazos acotados y criterios técnicos que redujeron drásticamente la competencia. De un total de nueve empresas oferentes, sólo dos superaron el análisis técnico inicial: LX Argentina y La Mantovana Servicios Generales.


Luego, sin haber sido evaluada técnicamente, Limpiolux apareció incorporada en la etapa económica, un punto que generó fuertes cuestionamientos internos por afectar la trazabilidad y el proceso administrativo transparente.


A este escenario se suma una nueva y alarmante sospecha que apunta a una contratación de IT para la migración del sistema de gestión empresarial SAP hacia HANA/S4HANA.


Según la denuncia presentada ante el presidente de la compañía, el presupuesto original de este contrato era de 600.000 dólares, pero terminó escalando injustificadamente hasta los 7 millones de dólares, lo que representa un incremento del 1066%.


Esta irregularidad tecnológica, que habría absorbido gran parte del presupuesto anual de IT de la empresa, se suma al pliego de cargos que ya enfrentaban los gerentes de confianza de Reidel, Marcelo Famá y Hernán Pantuso, quienes fueron suspendidos por el directorio pese a la férrea resistencia del funcionario.


Según pudo saber Tribuna de Periodistas, la tensión alcanzó su punto máximo durante una caótica reunión de directorio, en la cual Reidel no logró contener la presión interna y tuvo un fuerte exabrupto ante la votación adversa. 


Según afirmaron testigos de la reunión, Reidel comenzó a los gritos y llegó a agredir físicamente a su propio vicepresidente y amigo, Germán Guido Lavalle. Además en medio de su brote, Reidel le propinó patadas a las paredes de la sala de reuniones mientras descargaba su furia por no poder frenar el desplazamiento de sus colaboradores.


Asimismo, aseguraron que el funcionario se retiró de la sala dando un portazo, acompañado únicamente por el director Marco Campolonghi, el único que votó junto a él en contra de las suspensiones.